
¿Está influyendo realmente la certificación energética en el valor inmobiliario?

La certificación energética se ha consolidado como un requisito normativo en muchos países y como un factor cada vez más presente en la toma de decisiones residenciales. La cuestión clave es hasta qué punto refleja valor real en los activos inmobiliarios.
En Accumin, hemos analizado datos de varios de los mercados en los que operamos para entender cómo la certificación energética está impactando en el valor residencial. Los resultados muestran realidades diferenciadas según el país.
En España, un estudio reciente elaborado por Tinsa España, Accumin Intelligence y IESE Business School confirma la existencia de un green premium medible. De media, cada mejora de una letra en la calificación energética se asocia con un incremento del 1,3% en el valor del inmueble, con efectos consistentes en todos los segmentos de mercado. Se trata del primer análisis que demuestra de forma objetiva esta relación en el mercado español. El estudio también señala retos pendientes en relación con la calidad técnica y la homogeneidad de las certificaciones emitidas.
En Alemania, a pesar de contar con uno de los marcos regulatorios más avanzados de Europa, el ritmo de rehabilitación energética se mantiene por debajo del objetivo, con una tasa anual del 0,69%. La adopción de tecnologías eficientes se ha ralentizado, y el mercado apunta a la complejidad administrativa y a la incertidumbre sobre los incentivos como factores que condicionan las decisiones de inversión, incluso cuando existe potencial de revalorización.
En Chile, la Ley de Eficiencia Energética (Ley 21.305) obliga a certificar energéticamente todas las viviendas nuevas a partir de 2025. Hasta la fecha, se han emitido más de 170.000 certificaciones, impulsadas en parte por el desarrollo de hipotecas verdes vinculadas al desempeño energético.
En México, no existe todavía un sistema obligatorio de certificación energética. Algunos promotores y entidades financieras aplican de forma voluntaria estándares como LEED o EDGE, aunque menos del 5% del parque residencial nuevo cuenta actualmente con algún tipo de certificación de sostenibilidad.
La conclusión es clara. La certificación energética puede tener un impacto medible en el valor del activo cuando es sólida, fiable y coherente. Más allá de la regulación, su efecto depende de la calidad técnica, la trazabilidad del dato y la confianza del mercado.

